domingo, 3 de julio de 2011

Acuicultura y Puyehue II: efectos de las cenizas sobre los peces en el corto plazo

Segunda entrega del trabajo de Maglio y Rauque. Qué se observa en los peces que han vivido este traumático evento?. 
Veamos...


Efectos observados hasta el momento en peces y efectos potenciales en el corto plazo


De acuerdo a lo observado en un primer análisis y revisando los antecedentes relacionados a este evento, es importante determinar en un primer análisis los efectos de las partículas suspendidas en el agua, señalando algunos efectos posibles en peces por exposición prolongada a sedimentos.
Se sabe que la exposición continua a sedimentos, además de ocasionar erosiones a nivel branquial, ocasiona la podredumbre de las aletas, una enfermedad ligada a la colonización por bacterias (Herbert y Merkens, 1961). La fracción de partículas sedimentables ocasionan problemas en los lechos de desove habituales de salmónidos, aquellas con tamaños inferiores a 0,84 mm son las más perjudiciales. La sobrevivencia puede bajar a un 35% en incubación cuando las ovas son expuestas a niveles de sedimentación superior al 40% de sedimento fino (Seakem Group ltda, 1992), esto dependerá de cada situación en particular y de las características del material caído.
Las cenizas y partículas volcánicas en general pueden afectar la productividad primaria acuática principalmente por la disminución de la penetración de luz, la que permite el crecimiento de una infinidad de organismos acuáticos, por lo tanto los niveles tróficos superiores no tendrán alimento suficiente disponible (Lloyd et al, 1987).
La materia flotante que queda suspendida en la superficie del agua puede ocasionar una disminución en la disponibilidad de oxígeno disuelto, por la interferencia en la interface aire / agua, evitando el intercambio de oxígeno desde la atmósfera.
Los valores de pH del agua no fueron afectados por la caída de material volcánico por lo menos en el Embalse Alicura, muestras tomadas por la Autoridad Interjuridiccional de Cuencas (AIC) y analizadas en el CRUB, dieron valores de pH normales en todas las muestras. Esto podría indicar que si bien el material caído tiene características ácidas, la cantidad no fue suficiente para modificar el pH del agua, gracias a la capacidad amortiguadora que esta contiene. Además, se observa un incremento en la conductividad teniendo todas las muestras valores por sobre 60 µS/cm (el promedio de el embalse 33.9 µS/cm) cosa que es de esperarse debido a que las cenizas aportan fundamentalmente Na y Ca (Dr. P. Temporetti).
Días posteriores a la erupción del volcán algunos productores enviaron información al Departamento de Explotación de Recursos Acuáticos (CRUB) con el fin de encontrar alguna acción correctiva o recomendación ante la delicada situación.
En primer lugar mencionaron un rápido descenso de los peces en la columna de agua hacia las partes más profundas de las jaulas, esto es una acción normal luego de un episodio de estas características. Una situación de estrés que entre otras cosas impide que los peces tomen el alimento normalmente. Observaron además restos de material particulado en branquias e internamente lo que más llamo la atención de algunos productores fue la inflamación de la vesícula biliar, a continuación el Dr Carlos Rauque explica cuales son los efectos del daño branquial, ayunos prolongados, alteraciones en la vesícula entre otras problemáticas que puedan afectar la salud de los peces.
Una serie de alteraciones en los peces pueden ocurrir: en primer lugar, aunque este no parece ser el caso, un descenso en los valores de pH del agua conduce a una falla en la eficiencia de captura del oxígeno por parte de los peces, es decir aunque haya oxígeno en el agua, éstos no pueden captarlo. Segundo, el exceso de material particulado en el agua tiene varios efectos negativos en los peces, por un lado induce una mayor producción de mucus en las branquias que es un mecanismo de defensa de los peces, pero esta acción cuando es prolongada puede conducir a una menor eficiencia para la captación de oxígeno. Por otro lado, el material particulado puede producir daños por la actividad mecánica sobre las branquias, conduciendo a hemorragias y disminución de la superficie respiratoria. Además, estas lesiones en las branquias son una vía de entrada para patógenos secundarios como hongos y bacterias. Se ha estudiado que tanto el tamaño como la forma de las partículas se relacionan con el grado de lesiones que producen en los peces; es decir mientras más grandes y más angulares, mayor es el efecto producido por las partículas. Durante el desarrollo de este artículo, hemos tenido la oportunidad de revisar 2 peces del río Limay, 1 reproductor de trucha arco iris de criadero encontrado moribundo y 1 trucha marrón silvestre encontrada muerta. El ejemplar silvestre, presentó una gran cantidad de cenizas y partículas de distinto tamaño en la cavidad bucal y branquias (Figura 1). En el estómago, no se encontró alimento pero si muchas partículas y piedras pómez (Figura 2). Estas piedras pómez son abrasivas, por lo que podrían producir lesiones internas en los peces. 



Figura 1: Ejemplar de trucha marrón con una alta cantidad de cenizas y partículas en sus branquias.



Figura 2: estómago del pez con piedras pómez en su interior.

El ejemplar de criadero presentó una menor cantidad de cenizas y partículas en la cavidad bucal y branquias. Se encontraron lesiones en las aletas y en las branquias que fueron producidas por el hongo Saprolegnia spp. (Figura 3). Este hongo es un patógeno secundario, que ataca a peces sometidos a estrés y que induce una disminución de la superficie respiratoria y una alteración del equilibrio osmótico. Cuando la infección es masiva, es capaz de la generar la muerte del ejemplar. Internamente, el pez presentó una baja cantidad de piedras en su estómago.




Figura 3: Ejemplar de trucha arco iris con grandes lesiones producidas por el hongo Saprolegnia spp.

Los productores han indicado que sus peces muestran sus vesículas biliares anormalmente grandes, este síntoma no es producido por la acción directa de las cenizas, sino que es un efecto del ayuno al que están siendo sometidos. El hígado es el órgano productor de bilis, un líquido amarillento que es vertido al tubo digestivo cuando el pez está alimentándose y tiene funciones digestivas ya que interviene en la emulsión de las grasas. La bilis, es depositada constantemente en la vesícula biliar, por lo que sí el pez no se alimenta por una periodo prologado, ésta presentará una gran volumen. Esta alteración en su volumen, no representa peligro para la salud de los peces.
Por último, en el ejemplar de cultivo se registró en el hígado numerosas petequias (pequeñas hemorragias) sobre su superficie (Figura, 4). Esta alteración puede ocurrir por una serie de factores y no podemos afirmar la causa de esta afección.



Figura 4: Ejemplar de trucha arco iris con presencia de petequias en hígado.