martes, 20 de marzo de 2012

De un problema a una solución: pacú y arroz como producciones alternadas.


Aquí, navegantes, seguimos con movidas piscícolas en Argentina del Norte. Del diario digital de ese mismo nombre, traemos algo de aprovechamiento integral de un ambiente, que nació como respuesta a un problema ambiental. El artículo está muy bien escrito y plantea las posibilidades de desarrollo acuícola desde una visión de cultivo mixto, tal como plantean los chinos desde hace unos cientos de años.





Reinvención arrocera: un proyecto colocará al Chaco como principal productor de pacú

Miércoles, 07 de Marzo de 2012 - 04:00

  Textos: Leticia Muñoz
  Fotos: Germán Pomar 

 La producción primaria está atada, inevitablemente, a los designios climáticos y, a la vez, a los determinantes del mercado en materia de precios y demanda. Sin embargo, algunas actividades agrícolas deben enfrentar imprevistos (amenazas del entorno) que dificultan su continuidad en el tiempo. En ese escenario quedó atrapada la producción arrocera del departamento Bermejo hace apenas un par de años atrás. Sin juzgar aquí la legitimidad del reclamo ambiental, la obligada reconversión de las empresas Cancha Larga S.A. y San Carlos S.R.L. aparece hoy como un modelo innovador que integra dos producciones (arroz y pacú) y suma eslabones a la cadena de agregación de valor.


Hay más. Otro fundamento de peso, colateral a aquél que originó la idea de amalgamar arroz y piscicultura: en una explotación agrícola, las rotaciones de cultivos son a todas luces- indispensables para devolver al suelo los nutrientes necesarios y así garantizar la sustentabilidad de cada producción. Esa idea trasladada a un campo arrocero no encontraba opciones posibles. Al menos hasta hace poco. Sin embargo, el desarrollo y la investigación lograron esa asociación que se presenta como perfecta, productiva, rentable e inédita: la rotación arroz-pacú.

La concepción del proyecto suma eslabones de la cadena de agregación de valor. Es que más allá de utilizar los mismos lotes para producir arroz y, luego, pacú, la iniciativa plantea la construcción de un frigorífico para procesar pescado emplazado en el complejo que se radicará en el Puerto Las Palmas. La inversión global que se volcará allí ronda los 170 millones de pesos, que se aportarán desde distintas fuentes de financiamiento: provincial, nacional e internacional, además de las empresas que desarrollan la iniciativa, ambas propiedad del empresario Eduardo Meichtry. Cuando esté operativo, en agosto de este año, el frigorífico procesará 5.000 kilos de pacú por día. 

 “Vimos una oportunidad”

“El conflicto nos llevó a una producción que nosotros, en una situación normal, hubiéramos desestimado. Hoy, de alguna manera, vimos una oportunidad. Es decir, en una situación complicada, encontramos esta alternativa de producción más favorable para nosotros y que va en línea con lo que la gente demanda”, repasa Meichtry ante NORTE Rural y durante el recorrido por las parcelas de la arrocera San Carlos, en La Leonesa.

Para llegar allí no hay que recorrer tanta distancia desde el poblado. Y el paso obligado es por el barrio La Ralera, cuyos vecinos denunciaron hace poco más de dos años las consecuencias de las pulverizaciones con agroquímicos sobre la salud de la población. Antes de explicar en detalle el proyecto denominado Puerto Las Palmas S.A., Meichtry defiende nuevamente la actividad arrocera cuando asegura que las prácticas utilizadas eran las adecuadas: “Aún antes del estudio ambiental, sabíamos que estábamos haciendo bien las cosas y que no contaminábamos”, resalta. 

La amalgama perfecta

La reinvención arrocera tiene su base en una buena idea: la sinergia entre arroz y pacú. Es que el arroz le provee a la piscicultura toda la infraestructura: provisión de agua, estanques y el sistema de drenaje; además de la posibilidad de renovar agua cuando sea necesario. Mientras que la piscicultura aporta la limpieza de las parcelas, ya que las semillas que pudieron quedar de la cosecha y las malezas son alimentos para los peces, igual que las plagas como el caracol, entregando así un lote fertilizado.

“Si estamos hablando de tres toneladas de pacú por hectárea, tres toneladas quedaron en el estanque transformadas en abono orgánico”, refleja el empresario. Y resume: “La piscicultura nos entrega una parcela limpia, fertilizada y con un barro posterior al drenaje que otorga las condiciones ideales para hacer arroz pregerminado, sin ninguna labranza. De esta manera eliminamos las labranzas, la fertilización química y reducimos drásticamente los problemas de malezas”.

El proyecto de las arroceras radicadas en Las Palmas y La Leonesa está pensado “en grande” y posicionará a la provincia, en poco más de un año, como principal productora y procesadora de pacú del país. Hasta ahora, el emprendimiento más grande de cría de esta especie era el de Rosamonte, en Misiones, con más de 200 hectáreas destinadas a esta producción y unas 400 toneladas por año.

En estos días, el trabajo se concentra en el traspaso de alevines a una pileta de recría. La tarea es manual, con redadas y cuidados extremos para que los peces no pierdan su estado. Además, en la zona donde hoy se encuentran los estanques con pacú se construye un edificio que será utilizado como depósito de alimento, vivienda y, en el futuro, un posible laboratorio para la reproducción.

“Ahora tenemos todavía lotes con arroz, que estamos cosechando y, cuando terminamos, sembramos el pacú. Pasan el invierno y en el próximo verano se engordan”, detalla Meichtry. Varias de esas parcelas que serán recolectadas en no más de diez días se preparan ya para la inundación y posterior colocación de los juveniles. Otras tantas, en cambio, están recién en la etapa de floración y serán cosechadas en dos meses.

La siembra de pacú es a baja densidad, en estanques grandes y donde hay elevada producción de alimento natural. El suplemento es con alimento balanceado. Cada día -según explica el empresario- los peces ingieren de alimento balanceado el dos por ciento de su peso. Pero en etapas anteriores del crecimiento, la mayor parte de la alimentación es en base al sustento natural del estanque. “Haciendo una correlación, esto sería una ganadería a pasto con suplementación”, compara.

De una idea a un megaproyecto

La idea de producir pacú comenzó a germinar en 2010, en pleno conflicto ambiental. Pero no fue de repente que el planteo surgió en gran escala. “Primero, pensamos en una pileta de 20 hectáreas para tener peces. Pero cuando nos metimos en el tema, con una persona que hace 20 años trabaja con pacú y arroz, nos empezamos a imaginar una rotación arroz-pacú”, recuerda.

“Iniciamos la piscicultura (acuicultura de peces) a raíz del conflicto ambiental, que debimos sobrellevar durante dos años”, recuerda Meichtry, propietario de las arroceras. De profesión ingeniero agrónomo, es el mentor de un megaproyecto productivo que integrará toda la cadena: desde la producción complementaria arroz-pacú hasta la etapa final de comercialización de los productos con marca propia, para el caso de los pescados.

“Como la parte ambiental descalifica todas las pruebas, análisis e informes, entonces nosotros pensamos en algo que haga una demostración visible de que no existe contaminación. Y nos imaginamos una pileta de piscicultura entre la arrocera y la ciudad, porque al pez se lo utiliza como testigo de no contaminación”, subraya. Recuerda enseguida que la empresa cumple al pie de la letra el “plan de gestión ambiental con análisis trimestrales de agua, suelo, drenaje y riego”.

El diseño y la construcción de las piletas comenzaron en 2010; aunque nunca, ni el propio Meichtry imaginó llegar a desplegar la estructura que tiene hoy. En esta primera etapa, las piletas cubrirán una superficie de 250 hectáreas: aquellas donde se implantan las larvas traídas desde Clorinda, Formosa, tienen 2.000 metros cuadrados (0,2 hectáreas); las de alevines, dos hectáreas y se están preparando otras de 10 hectáreas; mientras que, para el engorde, se utilizan estanques de 20 a 40 hectáreas.

Para construir las primeras piletas, sobre los lotes de arroz, se hicieron extracciones laterales de suelo para elevar los caminos. Allí fue implantado arroz, cosechado en marzo-abril de 2011; luego se extrajo paja para rollos y finalmente se colocaron los juveniles.

Entre números y recetas

Hoy están en producción 90 hectáreas, aunque están construidas piletas para llegar a 250 al finalizar esta campaña arrocera; y luego se irán agregando 250 hectáreas más por año hasta alcanzar las 1.000. Sólo con 250 hectáreas la producción estimada alcanzará las 750 toneladas de pacú por año. Así, en esta primera etapa que cerrará en el otoño de 2013, las empresas chaqueñas serán las principales productoras de pacú del país.

En los campos de San Carlos -lugar de la recorrida de NORTE Rural- están en producción piletas de diferentes dimensiones (entre dos y 45 hectáreas), además de las piletas donde se sembraron las larvas. “Este año tenemos que producir 500 mil juveniles para sembrar las 250 hectáreas”, indica Meichtry. Por eso, el proceso de cría está dividido en tres etapas: de larvas a alevines, de alevines a juveniles y de éstos a engorde. Es una técnica intermedia que hace la producción un poco menos intensiva pero preserva en cada pileta el espacio que requiere cada pez para desarrollarse.

“Con un pacú de un kilo y medio pueden hacerse dos filetes despinados de 400 gramos cada uno, es decir, son dos platos. A la plancha o a la parrilla tienen una cocción de 15 minutos y son los más sabrosos”, refiere el empresario. Explica al respecto que el sistema no plantea la producción de peces con más de dos kilogramos de peso, ya que “suman grasas y se vuelven más ineficientes”.

La cría, paso a paso

En esta primera etapa se sembraron un millón de larvas distribuidas en cinco piletas (200.000 en cada una). Ese es el inicio de la cría. Luego, a cada pileta de recría se pasan alrededor de 100.000 alevines (cerca de 700.000 en total), ya que entre una etapa y otra se producen pérdidas. Allí los peces pasan de un gramo a cien, en promedio. “Calculamos entre dos y tres alevines por metro cuadrado, así tendrán espacio suficiente hasta llegar a ser juveniles”, precisa Meichtry.

Adquirido ese peso promedio de cien gramos, pasan a otras piletas entre 550.000 y 600.000 juveniles. Y finalmente son traspasados a las piletas de engorde donde concluye el proceso hasta obtener un pescado de un kilo y medio, en promedio. En base a ese peso final promedio, se proyecta una productividad de 3.000 kilos (tres toneladas) de carne por hectárea.

En las piletas, los peces son contados mediante una técnica de muestreo. Y si bien en las dos primeras etapas se presentan pérdidas (lo admitido es alrededor de un diez por ciento por cada traspaso), en la instancia final de juveniles y engorde es necesario un conteo más estricto para calcular con exactitud la cantidad de alimento balanceado necesario.

La cría implica cuidados desde los primeros estadíos. Así, las larvas son traídas desde un laboratorio formoseño en bolsas donde caben 10.000 en cada una. Para la siembra (larvicultura), en las cinco piletas dispuestas en el campo se utiliza agua limpia, de una laguna, ya que se alimentan de fitoplantos. Por eso hay un sistema de captación del agua de la Laguna El Palmar, que pasa por un proceso de filtrado antes de llegar a las piletas para evitar la contaminación con larvas de otros peces.