lunes, 12 de mayo de 2014

Una entrevista con el colega Miguel Casalinuovo: acerca de las idas y venidas de los salmónidos en el río Grande, Tierra del Fuego

Una interesante nota sobre el estudio de una pesquería emblemática de Argentina, el río Grande en Tierra del Fuego, y de cómo todo se complica con la aparición de nuevos actores, los salmones chinook. La entrevista aparece publicada en la revista Flydreamers y yo la reposteo acá porque la gestión de pesquerías continentales es de suma importancia, con el aditamento de la complejidad de buscar herramientas de gestión en sistemas que en general son abiertos (es decir, lejos de la situación ideal de que nada entra o sale si uno no quiere). Además, este ambiente es uno de los nodos de trabajo de la Red Ecofluvial, junto con los ríos Chimehuin en Neuquén y Chubut, allí en la provincia homónima. La Red Ecofluvial reúne a la mayoría de los grupos de investigación de recursos ícticos continentales de la Patagonia y es una experiencia de colaboración interdisciplinaria para la conservación de cuencas fluviales, uno de cuyos componentes es la pesquería, generadora de recursos para las economías regionales. Una entrada anterior del blog describe la constitución de la Red, sus tareas y objetivos, leed si os interesa...


Entrevista: Proyecto Anádromas Río Grande


Una charla con el biólogo Miguel Casalinuovo para saber un poco más sobre los objetivos del Proyecto Anádromas, el marcado y seguimiento de peces, el comportamiento de las truchas anádromas, el manejo de la pesca recreativa, y el ingreso de salmones chinook en el Río Grande.


Fd: ¿En qué consiste el proyecto?

MC: En primer lugar, tenemos que diferenciar entre el Proyecto Marco y los Proyectos Modulares. El Proyecto Marco es en realidad un megaproyecto a mediano y largo plazo que tiene una estructura modular; esto es, está formado por muchos proyectos independientes o módulos que lo que permiten es empezar y terminar en el corto plazo con una investigación que dé respuesta a una determinada pregunta. Entonces como cada módulo es autónomo no corremos el riesgo de quedarnos en la mitad por falta de fondos, por ejemplo. También eso nos permite buscar la plata en algo que cierre para los posibles interesados, sea el Estado, las ONGs o los privados. El objetivo central de todo esto es realizar las investigaciones necesarias para poder hacer un manejo basado en criterios biológicos de la pesquería, sin dejar de lado la cuestión social. En ese contexto, las investigaciones anteriores fueron esporádicas desde el año 2006, con los trabajos de la Universidad de Montana y Carlos Luizón de Tierra del Fuego, hasta que hace unos 4 años se empezó a trabajar en forma continua y regular con profesionales de muchos lugares el Grupo de Estudio de Salmónidos Anádromos (GESA) de Puerto Madryn que dirige Miguel Pascual, la Universidad Austral de Chile, el CADIC de Ushuaia, el gobierno de TDF, etc. La resultante fue contar con un cúmulo de información tal que nos permitió hacer un primer acercamiento al estado del río y modelar los escenarios en función al uso.

Esto del modelado hay que explicarlo un poco más. Se usa una plataforma técnica diseñada por el Dr. Martín G. Asorey del GESA, que es un programa de computadora. Sirve para cargarle datos biológicos de los peces (cantidad, crecimiento, cuántos huevos ponen, cuándo se van a mar, etc.), y del impacto de los pescadores en el río (cuántas se matan, de qué tallas, quién las mata, cuándo, etc.) y en función de ello da la posibilidad de simular escenarios de evolución de la pesca por medio de los ICP, que son indicadores de calidad pesquera. Para que se entienda, se compara la evolución de la pesquería contra una población “virgen” teórica, esto es sin pesca, solo con la mortalidad natural. Luego de cargar los datos biológicos se cargan los datos pesqueros según algún criterio, por ejemplo, cargar la mortalidad por pesca actual, la mitad y el doble. Esos son escenarios, y el programa te dice cómo cambian los ICP, por ejemplo: “si vos fueras al Río Grande a pescar solo, siendo el primero en la historia (población virgen) sacarías 3 peces de más de 75 cm por día; pero, si matás el 5% de los peces totales del río, esa probabilidad baja a la mitad, o sea que sacarías 3 pero en dos días de pesca”. 

Eso permite decidir políticamente el nivel de mortalidad que el río soporta según la calidad que uno quiera tener en el mismo. Y bueno, en función de ese programa lo que se hace es mejorar año a año la calidad de los datos que lo alimentan. Por ejemplo, se pinchan 10.000 peces por año y se liberan. ¿Cuál es la mortalidad post-liberación?, ¿del 2%, del 10%? Primero la sacamos de la bibliografía que es un nivel de acercamiento, y después hicimos nuestras propias investigaciones sobre peces del Río Grande, que nos dio entre 0 y 6%, y esos datos son mejores que los anteriores. O sea, vamos perfeccionando el modelaje ya que los datos son más confiables año a año.


Fd: ¿Cómo fueron los comienzos de esta iniciativa? ¿Quiénes integran el equipo?

MC: Un proyecto como este no es el esfuerzo de una sola persona, aunque yo sea la cara más visible para algunos. Incluso es parte de un proyecto mucho más amplio, que incluye el resto de los ríos de anádromas de Patagonia y que involucra muchos grupos de investigación, como el GESA, los estados provinciales, los operadores privados y asociaciones intermedias, como la Asociación de Pesca con Mosca de Río Grande. No quiero equivocarme, pero hasta donde yo sé, creo que es una mancomunión de esfuerzos sin precedentes en Patagonia y hasta me animaría a decir en el país. Nombrar a toda la gente involucrada llevaría dos páginas, desde los guías que toman datos, pasando por los inspectores de pesca y terminando con los investigadores. Respecto a los comienzos, se remontan al año 2006, si no antes. Pero sí puedo agregar que desde que los privados que operan en el río se involucraron en la financiación parcial de los estudios hace unos 3 años se ha conseguido regularidad en los mismos.


Fd: ¿De qué manera se lleva a cabo el marcado de peces y el posterior seguimiento?

MC: Primero deberíamos hablar del por qué antes del cómo. Hasta ahora habíamos hecho investigaciones tipo “foto”, o sea obteníamos una instantánea de un determinado problema; por ejemplo, la tasa de mortalidad para la temporada 2007, pero la realidad es una película cambiante día a día, entonces nos planteamos tratar de describir cómo es el movimiento de los peces que retornan año a año a reproducirse o simplemente invernar en el agua dulce. Cuándo entran, hasta dónde llegan, cuándo se van, cuándo desovan, dónde… Para eso lo que hicimos fue comprar radiotrasmisores, también conocidos como radiomarcas.

Los radiotrasmisores son unos pequeños aparatos con una batería y una antena que van adheridos al lomo de los peces y que emiten una señal de VHF en una frecuencia determinada, por ejemplo digamos en 155.064 Mhz. Esa señal se emite en una serie de pulsos (ppm= “beeps” por minuto) y puede ser detectada por un aparato especial, que es un receptor. Como cada radiomarca emite en una señal distinta, yo puedo identificar individualmente cada pez radiomarcado, y seguirlo en el tiempo y en el espacio. ¿Cómo lo hago? Marco 25 peces (por ejemplo) al mismo tiempo en la zona baja del río y los libero. Luego, cada 15 días me subo a un avión y sobrevuelo el río lo más despacio posible usando el receptor para encontrar cada pez. Como el receptor tiene un GPS incorporado, yo puedo detectar un pez y grabar su posición geográfica. Entonces tengo cada 15 días la situación de cada individuo que marqué en el río. Eso se hizo con 50 peces capturados en tres tandas, una al principio de temporada, una al promediar la misma y otra al finalizar. Esto se hizo en tandas de peces para detectar diferencias de movimiento entre los distintos pulsos de entrada, ya que sabíamos que la entrada no era homogénea en el tiempo. 

Los objetivos pueden resumirse de esta manera: Primero queremos analizar los patrones de movimiento, tanto ascendentes como descendentes de los peces en el sistema, puesto que de ello depende la “disponibilidad” de los individuos para la pesca deportiva en los distintos sectores de del río. Un ejemplo: No es lo mismo un run que entra al río y se va todo junto 30 km arriba que uno donde los peces se desparraman en forma más o menos azarosa en la cuenca. Esto tiene varias implicaciones en el manejo. Además podremos saber cuándo regresan al mar. 

Segundo, vamos a poder, con un poco de suerte, establecer los posibles sitios de concentración de ejemplares con fines reproductivos, algo que muchos guías y pescadores saben, pero no ha sido demostrado hasta ahora. Paralelamente, el análisis de los datos nos va a dar otra información muy importante, como el poder, con suerte también, estimar la mortalidad post-liberación de los peces marcados, determinar el grado de dispersión de los ejemplares en los tributarios del sistema (muchos de los cuales pueden tener un potencial que hoy es claramente subestimado) y por último -y este no es un tema menor- establecer el tiempo de permanencia de los peces en la pesquería argentina, ya que la cuenca es compartida con Chile, que tiene sus propios problemas y prácticas de manejo, con las que no necesariamente coincidimos “de este lado”.


Fd: ¿Qué observaciones pudieron obtener desde el comienzo hasta estos días?

MC: El cúmulo de información es grandísimo, la verdad es que aún estamos analizando los datos. Te puedo adelantar que el uso del río, al menos en mis peces marcados, no es homogéneo. Esto significa que hay sectores del río donde los ejemplares se concentran y lugares donde prácticamente no hay ninguno. En general, a medida que nos desplazamos río arriba la densidad de peces disminuye. Por ejemplo, el 80% de mis peces se queda del lado argentino del río, lo cual concuerda con los datos de captura de los lodges de pesca y con otros estudios que hicimos con una ecosonda de alta definición junto con colegas chilenos. Respecto a los patrones de movimiento individual, sorprendentemente vimos que la gran mayoría de los peces entran al río y se asientan en un lugar donde pasan todo el invierno y parte de la primavera. Esperábamos más movimientos, idas y vueltas, pero no es así.


Fd: ¿Cuáles son los tiempos que pasan las truchas en el mar y en el río? ¿Cómo es la dieta de las mismas en cada ambiente?

MC: Estos peces son muy variables en sus estrategias. Siempre digo que cuanto más sabemos, menos sabemos; porque vamos descubriendo que son muy, pero muy plásticos. Nosotros de todas maneras calculamos que como promedio pasan un par de meses en el mar y el resto en el río. Mis peces fueron capturados entre enero y abril, y para el 28 de diciembre ya no quedaba ninguno en el río. 

La dieta no está descripta para nuestras truchas. En agua dulce casi no se alimentan y en el mar, dado que son peces costeros, deberían alimentarse en forma similar a los róbalos. En los pocos ejemplares que pudimos capturar en el mar en estos años encontramos sardinas fueguinas y algún que otro calamarcito.


Fd: ¿Qué observaciones pudieron hacer respecto a la Captura y Devolución en estos ambientes?

MC: Dado que la cantidad de ejemplares capturados y liberados en el río es grande, la mortalidad post-liberación podría ser grande, sobre todo si hay recapturas frecuentes. Entonces hace un par de años decidimos hacer un estudio con el que armamos unas jaulas en el río en un sitio determinado, para luego quedarnos a esperar a que los clientes de los lodges que iban a ese lugar pescaran normalmente. Cuando se capturaba una trucha, luego de la manipulación usual de la operación (fotos, medidas, etc.) y en el momento en que teóricamente hubiese sido liberada, nosotros la tomábamos y la poníamos en una batea, luego la llevábamos hasta la jaula, donde quedaba 48 horas en observación. Anotábamos también muchas variables que podían estar relacionadas con la mortalidad, tales como el grado de sangrado, el estado del pez al capturarlo, la corriente, la temperatura, el sitio de clavado del anzuelo, etc. Entonces se anotaba la cantidad de truchas muertas luego de esas 48 horas. Para discriminar si se morían algunas no por razones de pesca sino por la jaula, también capturamos algunos ejemplares con una red de deriva que no los lastima.

Estuvimos dos meses trabajando y enjaulamos 65 peces y no se murió ninguno. En términos estadísticos la mortalidad sería de entre 0 y 6%. Hay que tener en cuenta que los peces fueron capturados en condiciones ideales, con guías entrenados y con copo. Sospechamos que en otras condiciones la mortalidad puede ser más alta. Para detalles del estudio se puede consultar el siguiente enlace: http://proyectoanadromas.blogspot.com.ar/2012/06/estimacion-de-la-mortalidad-de-truchas.html


Fd: ¿A qué se debe la aparición de salmones en la cuenca del Río Grande? ¿De qué especie se trata y de dónde provienen? 

MC: Es un fenómeno natural que se está dando en varios ambientes y el Grande no es la excepción. Los salmones son los chinooks. Nosotros sabemos que desde hace años están estableciendo un run en la cuenca del Grande. Por lo que sabemos es solamente en la parte chilena, específicamente en el Río Blanco que es un afluente por donde descarga el Lago Blanco. Las capturas del lado argentino fueron siempre anecdóticas, pero en los últimos años se presentan en forma cada vez más frecuente también en otros ambientes como el Río Lapataia y Ovando en el Parque Nacional Tierra del Fuego y en el mismo Grande, donde el año pasado se pescaron varios. Respecto al origen, hoy por hoy puede decirse que estos peces están naturalizados en casi todo el mundo. Genéticamente se sabe que -al menos en parte- su origen es la zona de Puerto Montt en Chile, para los ejemplares del Parque.


Fd: ¿Cuáles son las posibles consecuencias de su introducción? ¿De qué manera influye esto en el río y sus truchas?

MC: El ciclo de vida general del Chinook es más o menos así: cuando los peces suben el río, dejan de alimentarse, desovan y mueren todos, no como las truchas nuestras que vuelven al mar. Hasta ahora, como dijimos, sabemos que desde hace años desovan en el Río Blanco, en Chile. Este año hubo un run que parece mayor dado el número de capturas. De acá salen algunas preguntas, por ejemplo si desovan todos en Chile o hay algunos que empezaron a hacerlo en Argentina. 

No hay problemas con que los adultos se coman a nadie porque no se alimentan, sí puede suceder que si se encuentran con marrones adultas las desplacen, ya que son más grandes y agresivos. 

Tenemos datos de las radiomarcas que muestran que los adultos de ambas especies usan los mismos sitios de desove en Chile. Si bien se supone que los salmones desovan en marzo/abril, con lo cual no compartirían el tiempo de desove con las marrones, a mi entender desovan en julio/agosto.

Y sabemos que las truchas suben y se asientan en los sitios en forma temprana. Entonces, si comparten el espacio y el tiempo va a haber un desplazamiento de marrones, probablemente. Aunque seas una marrón de 14 kilos tenés que hacerle frente a un Chinook de 40 o más…

El tema más importante es con los juveniles, ya que los Chinook tienen dos tipos de estrategia para ese estadío de vida: la Oceánica y la Fluvial. Los oceánicos se llaman así porque un juvenil de este tipo nace y se va al mar casi enseguida, en cambio el fluvial vive un tiempo más largo en agua dulce antes de irse del río, y ese va a competir más por el alimento y el espacio con los juveniles de marrones.

A mi juicio esos son los POSIBLES problemas. Puede ser que esta competencia de adultos y/o juveniles no se vea reflejada en las capturas, o puede que sí, no lo sabremos por ahora. No podemos predecir qué pasará si no los estudiamos, y lo ideal sería trabajar del lado chileno también. Por lo pronto, recientemente encontramos juveniles de chinook de más de un año del lado nuestro… Pero lo que no hay que hacer es dar por hecho el escenario catastrófico como pasó con el whirling o el didymo…


Fd: ¿Qué diferencias encuentran en el comportamiento de las truchas anádromas y los salmones?

MC: Por lo pronto, los salmones son semélparos, lo cual significa que desovan una vez y mueren. Las truchas son iterópraras, o sea que desovan más de una vez en su vida. Ambos tienen una fase de alimentación en el mar; las truchas corta, de unos dos meses, y los salmones de varios años. Las truchas se mueven en el mar por la costa y en general no más allá de unos 200 kms teóricos de la boca de los ríos; los salmones en cambio son bien oceánicos, por eso se capturan en redes de arrastre, cosa que no pasa con las truchas. Eso significa que sus distancias son distintas también.

Luego hay diferencias en las tallas que alcanzan, ya que las truchas raramente superan los 15 kilos. Eso es un salmón pequeño, estos llegan a 60 kilos... También desovarían en momentos distintos.


Fd: ¿Cuál es el panorama futuro del Río Grande en relación al manejo de la pesca recreativa?

MC: El manejo de la pesca no es una receta. Los biólogos podemos dar datos que sirvan de insumos para el manejo pero la decisión, como siempre, es política. Si el Estado y los privados que lucran con el río pueden acordar como hasta ahora, yo no veo demasiados riesgos en la población, al menos en lo inmediato y hablando de sobrepesca. 

Siempre hay cosas que ajustar, hay temas más o menos álgidos, como el sistema de accesos, los cupos entre ciudades, la demanda de fiscalización en la zona de libre acceso, la forma en que se usa el río, lo que sucede en el estuario, etc. El desafío, a mi juicio, está en no perder la cordura que implica negociar, entendiendo que en toda negociación los acuerdos a los que se llegan en general son subóptimos para las partes. 

Por otro lado, tenemos dos actores nuevos que pueden llegar a jugar fuerte, Didymo y los Chinooks, y eso hay que contemplarlo. Yo diría que el sistema debe ser flexible, no hay que quedarse con una receta, debe adaptarse a los cambios naturales y anticiparse de ser posible a los probables escenarios. Pongo un ejemplo, si a causa del Chinook o Didymo se da el escenario de que la cantidad de truchas desciende, vamos a tener que discutir de nuevo el cupo de cañas que tiene el río si queremos mantener ciertos parámetros dentro de valores deseables.


Fd: ¿Consideran realizar una investigación de este estilo en otros cursos?

MC: Tierra del Fuego tiene evaluaciones de varios ambientes: Río Ewan, San Pablo, Irigoyen y Claro, para citar algunos. No tenemos obviamente el modelaje, pero sí una idea aproximada de lo que pasa en cada ambiente y de las causas.


Fd: ¿Qué tipo de apoyo tiene esta iniciativa y qué es lo que necesita para tener un desempeño aun más destacable?

MC: Los estudios del Grande son de financiación mixta. Una parte la brinda el Estado Provincial o Nacional y otra algunos privados. Desde hace tres años que tenemos aportes de la gente de los lodges que operan en el río. Nervous Waters, María Behety, Aurelia, San José y Despedida. Algunos están siempre y otros son más irregulares, pero todo suma... Del exterior nos ayuda The Fly Shop y Frontiers Travel. Recibimos también el apoyo de Casa de Campo y Anglers Aventuras que son dos fly shops fueguinos. Hubo incluso clientes que han dejado su aporte. No hay que dejar de mencionar a la Asociación de Pesca con Mosca de Río Grande y a todos los inspectores y pescadores que ponen el cuerpo en las campañas de una manera totalmente desinteresada. 

Respecto a lo que necesitamos, obviamente mantener estudios de este nivel necesita fondos. Sobre todo porque a medida que se avanza en las preguntas, la metodología necesaria para obtener las respuestas es más sofisticada y por lo tanto onerosa. Por ejemplo, nos encantaría saber cómo se mueven los peces en el mar. El año pasado cada radiomarca para el río costó unos USD 180, comparado a unos USD 4.000 por las que realizan el seguimiento satelital en el mar. Hay una diferencia importante, pero nos encantaría poder hacerlo. 

Otro apoyo es la difusión. Tenemos un perfil que considera la difusión y la educación del pescador como algo importante. Las notas en revistas, los reportajes y los foros nos ayudan con ese objetivo.


Fd: ¿Cómo continúa la iniciativa y qué expectativas tienen a futuro?

MC: Estamos actualmente trabajando sobre una serie de tiempo de datos de los últimos tres años para ver si los parámetros se mantienen o hay un aumento o disminución de las tasas de captura o de las tallas. También empezamos a muestrear juveniles con equipos de pesca eléctrica para poder ver dónde están, cómo usan el ambiente, si migran entre distintos lugares, medir el impacto del Chinook, etc. En febrero del año 2015 vamos a bajar el río 10 personas muestreando el ambiente y los peces cada 10 km aproximadamente, esto para tener un panorama ecológico completo del sistema. Incluiremos todos los tributarios y la idea es poder hacerlo también en Chile.


Para obtener mayor información sobre estos temas y para contactar a los responsables del proyecto, pueden ingresar a: